Relación amor-odio

Mi ganchillo me odia.


Cada vez que voy a usar el gancho de ganchillo, falta o se cae de la bola de lana al suelo.
Debe verme venir y corre y se esconde.
Y he dejado de buscarlo.
Pero mi compañero ha asumido el deber de encontrarlo. Tan pronto como me oye murmurar “ese maldito gancho”, detiene lo que está haciendo y viene y lo encuentra, ¡sin hacer preguntas!
Mi gancho puede odiarme, ¡pero mi pareja me ama!
(¡o él ama la paz y la tranquilidad de mi crochet y no los sonidos frustrados que hago mientras busco el anzuelo!)


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